HIERRO

Antonio Ballester Moreno

13 Febrero - 25 Marzo, 2014

Texto

“La estética idealista nos ha enseñado que la verdadera invención artística se produce en el instante de la intuición-expresión que se consuma totalmente en el interior del espíritu creador.”

Umberto Eco, Los colores del hierro.

 

En sus últimas exposiciones Antonio Ballester Moreno ha encaminado su obra a una simplificación que busca inten- samente un arte que sea capaz de conectar, mediante códigos concretos y sencillos, con un observador que pueda contemplarlo bajo el sentir de las emociones que fundamentan luego el pensamiento. En esta ocasión presenta Hierro, una exposición compuesta por cuatro pinturas abstractas de gran formato en tonos naranjas y amarillos divididos hori- zontalmente, y un collage de un bosque de pinos verdes ubicado en el muro frente a ellas. Es posible que estas pintu- ras prácticamente monocromas surjan como un ordenamiento de sus pinturas anteriores llenas de imágenes, colores y texturas, como puede que también –y es lo que quiero creer- nazcan como una nueva búsqueda que se debate entre la observación del mundo y la aplicación de diferentes teorías del color. En todo caso, ambos caminos sugieren búsquedas existenciales.

 

La abstracción, en la obra de Ballester Moreno, existe -más que como negación de la “realidad”- como revelación de una “realidad” más allá de lo visible, de aquello que el ojo no puede ver pero que en determinada sintonía somos capaces de percibir. Hierro muestra una relación alquímica con el mundo siendo capaz de transformar la materia –la mínima esen- cia- en cuadros, en visiones o en estratos de la tierra. En ciertas filosofías orientales existe la creencia de que el cambio constante de las energías del cosmos ocurre en sincronía con su dualidad, lo visible existe en medida de lo invisible, lo abstracto en medida de lo concreto, así ambas caras construyen de una manera completa la imagen de la realidad. Esta idea la representa perfectamente el I ching o libro de las mutaciones el cual en su código poético presenta una situación determinada -en muchos casos emocional- como si se tratara de un paisaje: “Arriba Sun el viento, abajo Kun la tierra. El viento sopla sobre la tierra, la imagen representa la contemplación”. En la obra de este artista, observación y contempla- ción son actitudes guiadas por esa dualidad que se expresa a distintos niveles: primero de manera concreta –lo visible- definiendo que los diferentes colores utilizados son en realidad los que el elemento hierro toma en la materia “la arcilla es naranja por el hierro, el amarillo óxido de hierro es una tierra y un pigmento, las plantas son verdes por el hierro”, y en segundo nivel, uno más sutil –lo invisible-, los colores representan un estado anímico del alma.

 

En la historia del arte se vuelve complejo definir una obra de arte por sus aspectos sensibles, por aquellas intenciones que reflejan -como en el caso de Kandinsky- lo espiritual en la obra de arte. Lo más común es encontrarnos una lectura pragmática de la forma, un pequeño engaño para quien quiera quedarse en lo exterior. Desde sus orígenes el arte abs- tracto comprendió esta dificultad y en cierta medida dejó que esa dualidad existiera, su distancia de lo “real” siempre se ha prestado para esas interpretaciones, es lo suficientemente intangible como para representar el elevado mundo del espíritu y, a su vez, como para representar cualquier otra cosa. Antonio Ballester Moreno juega con esa dualidad, como podemos ver en Hierro su obra se ha vuelto cada vez más concreta en la medida que los elementos han sido reducidos al mínimo, haciendo que los materiales tomen una fuerte importancia, y ese diálogo entre sus pinturas abstractas y la imagen de un bosque, nos recuerda que en las formas del mundo visible hay un espíritu que las guía.

 

Carolina Castro Jorquera

 

En colaboración con Maisterravalbuena.