X-FRENCH TEE SHIRT

X-FRENCH TEE SHIRT

Guillermo Rubí

05 Julio - 06 Septiembre, 2019

Texto

Pongámonos por un momento en el lugar de la tela: estamos ahí enrollados o plegados,
apilados en alguna estantería. Esperamos a que alguien se apiade de nosotros y nos dé
la oportunidad de salir de nuestra cárcel aterciopelada. ¡Que hagan conmigo lo que
quieran! Que me corten, que me cosan, que hagan de mí una cortina… seguro que
colgada del techo paso el día viendo a la gente caminar por la calle. También podrían
hacer un vestido o una chaqueta elegante para ir a una cena. Usarme como parche o
rodillera, pero debido al fashion low cost poca gente se arregla ya unos pantalones.
Podrían utilizarme para hacer un mantel, un disfraz de carnaval, la capa de un superhéroe
o unas bermudas para el verano. Me imaginaba yo una vida que por suerte o por desgracia
cambió el día en que el dependiente agarró con fuerza mi rollo para servirlo en la mesa y
cortar un buen pedazo. De ahí al mostrador, escuchaba monedas tintinear en una caja
registradora, lo cual me hizo preguntarme cuál sería mi precio. Aprendí cuál era mi color
y el material del que estaba hecha. Además, me enteré de que existen incluso las telas
de doble ancho: el mundo de las telas es bien complejo.

 

Viajé en el maletero de un coche. Me recorría una extraña sensación, sabía que no era un
secuestro, pero no tenía claras las intenciones de aquel hombre. Llegamos a una casa
rodeada de un inmenso verde por el que corrían algunos perros. Aquello empezaba a
gustarme, el sueño de convertirme en cortina parecía bastante probable. ¿Sería ese mi
destino? Me sacó de la bolsa, me cortó en forma de rectángulo y me planchó con cuidado
sobre la mesa de un taller. Parecía el taller de un artista y las vistas eran estupendas.
Pasé mucho tiempo al sol. Me sentía mejor que nunca, especialmente después de los
últimos meses sobre aquella estantería oscura aguantando el peso de otros rollos de
tela sobre mi cabeza.

 

Así transcurrieron semanas tranquilas hasta que un día me metieron en una máquina
infernal: cesto metálico repleto de agujeritos, jabón, agua fría, luego caliente, más jabón,
vueltas y más vueltas. Después de aquello mi color había cambiado ligeramente. No sé
cuántas veces pasé por ese proceso de lavado y secado al sol. Tampoco entendía por
qué era necesario repetirlo. Parecía que todo era parte de algún experimento pero, ¿qué
tipo de experimento? Empecé a comprender el día en que Guillermo se acercó a mí con
un marcador blanco… si aquello era el taller de un artista, puede que estuviera destinada
a convertirme en una obra de arte. Dibujó metódicamente unas letras y estampó con
blanco impoluto una palabra en otro idioma: PRESENCE. Por primera vez convivían en mi
superficie dos colores tan distintos: ¿era yo una cebra blanca con rayas negras o una
cebra negra con rayas blancas?

 

El texto transformó mi imagen casi pura y algo difuminada por las marcas de los rayos del
sol y los efectos de la lavadora. Me empezaron a asaltar las dudas sobre si ya me había
convertido en una obra de arte. A pesar de esa confusión la vida en el taller del artista de
hacía agradable. Sonaba música desde primera hora de la mañana hasta caer la noche, a
veces Guillermo subía el volumen y se le escuchaba tararear alguna melodía…

 

Óscar Florit