IF DOGS DON'T GO TO HEAVEN, I WANT TO GO WHERE THEY GO

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IF DOGS DON'T GO TO HEAVEN, I WANT TO GO WHERE THEY GO

Ricardo Passaporte

14 Septiembre - 06 Noviembre, 2020

Texto

El verano de 1976 Richard Hamilton invita a Dieter Roth a Cadaqués. Quieren homenajear a su gran amigo Marcel Broodthaers, recientemente fallecido, haciendo realidad el proyecto expositivo surgido en una de sus delirantes conversaciones, cuando ojeando una revista que mostraba estancias decoradas con pinturas de animales, Roth propuso realizar obras para que las dueños de esos lujosos interiores pudieran agasajar a sus queridos animales de compañía y que ellos también disfrutaran del arte. Broodthaers, se enfrascó inmediatamente en la idea. Su Museo de las Águilas poseía una importante colección de reproducciones y, después de su “fracaso” y “venta”, proyectar un museo para perros iba a ser un colofón perfecto en sus esfuerzos por evidenciar los mecanismos de la industria cultural en su constante reivindicación de la autonomía del arte. Hamilton y Roth harían realidad el proyecto ese mismo verano junto a un colaborador excepcional: el perro Chispas Luís; como un Broodhtaers perruno. Un gesto lúdico, capaz de tensionar las condiciones de nuestra percepción del arte y dinamitar cualquier clasificación asentada.

 

 

La práctica desacomplejada, ácida y disruptiva de Ricardo Passaporte cuestiona de manera análoga las estructuras que dan valor al hecho artístico. Su obra juega conscientemente con los códigos de la pintura, manejando diestramente los colores, formatos y formas que seducen al público, también en el medio digital saturado por la banalidad y temporalidad, donde todo se reduce a pura mercancía consumible y desechable. Sus series anteriores recrean logotipos de marcas de gran consumo e imágenes obtenidas en tiendas de baratijas kitsch; motivos de un universo cotidiano, absurdo y low cost. Bibelots de escaso valor estético replicados en un gesto apropiacionista que nos atrae como a los niños el suave y pegajoso algodón de azúcar en la feria de atracciones.

 

 

A estas idas y venidas por vasos comunicantes, Passaporte aplica otra pátina más, actualizando un género ya clásico y haciéndolo pasar por el tamiz de lo street. Su selección de temas y técnicas, en la que a menudo usa el aerosol, apela a la estética y la actitud desenfadada de los graffiti callejeros. Aplicar el spray a una mayor distancia del lienzo, le permite cierto descontrol en el proceso de reproducción de las imágenes, dejando así espacio al azar, a la sorpresa y al disfrute gozoso. A su vez, sus pinturas albergan un peculiar estilo de emborronamiento que dulcifica la línea, otorgando a sus imágenes un halo de ensoñación. La influencia de estéticas callejeras es incuestionable en la industria de la moda en el que se formó Ricardo antes de abandonarla por el arte, dice, al no encajar en su sistema. El arte aún permite escapar al mercantilismo excesivo y a la hiperproductividad que agota cualquier espíritu creativo. O por lo menos, vivir mejor y divertirse más. 

 

 

If Dogs Don’t Go To Heaven, I Want To Go Where They Go, primera exposición individual de Ricardo Passaporte en Mallorca, presenta una selección de obras nuevas en las que persiste en su búsqueda de bibelots, enraizada en el interés por prácticas artísticas outsider. Ricardo reproduce imágenes de pinturas murales recolectadas en sus paseos por Google street view alrededor del mundo; como si de un gigantesco rastro se tratase. Los criterios de originalidad y autenticidad hace tiempo que se diluyeron y ahora valoramos a aquel capaz de encontrar, transformar y mostrar lo que nos sorprende y agrada. Cómo Jim Shaw y su colección de pinturas adquiridas en tiendas de segunda mano, lo que atrae a Ricardo son las creaciones que maravillan no por su brillantez sino por su factura deficiente e incluso torpe, alejadas del ‘buen’ gusto o de los preceptos académicos de perspectiva y ‘buena’ composición. Predomina su especial atención por temáticas animales, entre las que se han seleccionado las obras de esta exposición dedicadas al perro doméstico. Mientras observamos los que suponemos retratos realizados por amorosos dueños a sus inestimables compañeros peludos, reaparece Dieter Roth observando aquella revista de decoración: ¿Por qué limitarnos a lo que dicta la norma? ¿Por qué no dejarse llevar y disfrutar? ¿Por qué no soñar con una vida de perro libre y callejero?

 

 

Beatriz Escudero