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Szabolcs Bozó

12 Diciembre, 2020 - 05 Febrero, 2021

Texto

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Quizá deberíamos empezar por el principio para explicar el sentido de esta exposición de Szabolcs Bozó… Podríamos contar entonces cómo la pantalla del móvil se iluminó con un descubrimiento y un mensaje privado en Instagram hizo nacer una relación profesional con el artista que continúa hasta hoy. Tal vez habría que hacer hincapié en el rol que desempeñan las redes sociales y de qué manera el uso de las mismas puede llegar a empoderarnos visualmente, ¿no han cambiando por completo la manera en que leemos imágenes en la actualidad y aumentado la cantidad de ellas que se deslizan al día por nuestras retinas? En estos momentos inciertos en los que las relaciones humanas basadas en la proximidad se han vuelto complejas y llenas de obstáculos, las redes ejercen un poder aún mayor: conectándonos, enredándonos unos a otros como si fuéramos nodos unidos en la distancia.

 

Esta exposición se ha construido también desde la distancia. Por un lado, Szabolcs Bozó trabajando en su estudio en Londres y, por otro, el equipo de la galería creando un espacio acorde al momento que está viviendo el artista, construyendo una casa grande pero acogedora a la cual él y sus coloridos personajes pudieran volver después de tanto tiempo… En la repetición está la diferencia y uno siempre vuelve a casa siendo distinto. Es bonito pensar como aquel Bozó que atravesó la puerta de nuestra galería en 2018 con una carpeta de pequeños dibujos extraordinarios, se ha convertido hoy, después de muchas horas acumuladas en el estudio, en un artista que despierta el interés de tantas personas.

 

De aquellos dibujos a las telas en gran formato de esta exposición, algunas cosas no han cambiado. Sus figuras sencillas son dibujadas sobre la tela extendida en el suelo, lo que le permite presionar con fuerza el lápiz sobre el soporte y hacer un dibujo a gran velocidad, casi como una danza en la que intervienen el cuerpo y el lápiz sobre el lienzo. Los personajes imaginarios que nacen de este baile acaban inundados de colores primarios, fuertes y vibrantes, aplicados con un pincel que intenta emular la rotundidad del gesto anterior en el dibujo. La pintura recorre la tela a la velocidad de un Fórmula 1, haciendo giros y piruetas.

 

Las manchas y pisadas que se aprecian en la tela cruda, algunas intencionadas y otras producto del azar, le aportan al conjunto esa magia que nos lleva siempre al momento en el que, como espectadores, podemos vernos a nosotros mismos atrás en el tiempo, haciendo lo que él hace: jugando como cuando éramos unos críos. Es posible aspirar de estas pinturas una energía lúdica que ya teníamos olvidada.

 

Si es aquí, en la memoria y el juego, donde reside el éxito del imaginario del artista es quizás porque siempre atiza con sinceridad las formas, manchas y colores que aparecen frente a nosotros. Cada uno de sus personajes es distinto, pero nos resulta extrañamente familiar. Ahora que vuelven a casa, sentimos esa dicha que siente la familia al volver a tener en el hogar a seres queridos que vienen y van.

 

Óscar Florit

 

Szabolcs Bozó (1992, Pécs – Hungaria) vive y trabaja en Londres. Ha tenido una exposición individual en Semiose Gallery, Paris (2020) y un dúo show con Richard Woods en L21, Palma de Mallorca (2019). Exposiciones colectivas incluyen ABC Gallery, Budapest (2020); ARCO, Madrid (2020); Ramp Gallery, Londres (2019); y L21 Gallery (2019). Ha participado en The North Hill Residency (Pasadena, CA) y L21xCamper Foundation (Mallorca).