The Smashed Society
Georg Óskar
18 Noviembre, 2022 - 04 Enero, 2023

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

The Smashed Society, exposición individual de Georg Óskar. Vista de la instalación en L21, 2022.

GEORG ÓSKAR

The Freaks, 2022

Óleo sobre lienzo

200 x 250 cm

GEORG ÓSKAR

Untitled (Goofy), 2022

Óleo y cera de abeja sobre lienzo

200 x 185 cm

GEORG ÓSKAR

Mikki the bullie 2, 2022

Óleo y acrílico sobre lienzo

190 x 180 cm

GEORG ÓSKAR

Medications Meditations, 2022

Óleo sobre lienzo

180 x 160 cm

GEORG ÓSKAR

Not now maybe next time, 2022

Óleo sobre lienzo

200 x 200 cm

GEORG ÓSKAR

Another day is tomorrow, 2022

Óleo y acrílico sobre lienzo

180 x 160 cm

GEORG ÓSKAR

Skull, 2022

Óleo y acrílico sobre lienzo

175 x 150 cm

GEORG ÓSKAR

Untitled, 2022

Pastel al óleo sobre papel

45 x 39 cm

GEORG ÓSKAR

Untitled, 2022

Rotulador sobre papel

45 x 39 cm

L21 Gallery propone una exposición individual de Georg Óskar en la Sala 1 de S’Escorxador.

 

Un proyecto de pintura en 7 lienzos. Como una suite musical, el artista islandés presenta un corpus de trabajo sólido y vibrante. Pese a las claras referencias entre un cuadro y otro, finalmente todos conservan su autonomía y una unicidad irreducible. Las medidas de estos cuadros se relacionan con el cuerpo del pintor porque la práctica artística de Georg Óskar consiste en un cuerpo a cuerpo continuo con la pintura. Asalto, espera y vuelta a empezar.

 

Los personajes del universo Disney son a menudo el punto de partida del artista. En 1971, Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaron en Valparaiso en Chile, ‘Para leer al pato Donald. Comunicación de masa y colonialismo’ donde analizan y evidencian eficazmente el mensaje profundamente ideológico y nada inocente de este imaginario.

 

Ahora el Pato Donald está sumergido en la pintura, así como lo está Georg Óskar.

 

Las frases que encontramos en sus lienzos funcionan de manera análoga a sus icónicos personajes. A modo de didascalias, irónicas y perspicaces, nos mueven sin llevarnos a ningún sitio. Enmarcan y a veces completan la composición. Son anzuelos, como los letreros de neón de los bares o club nocturnos…

 

Ambos recursos lingüísticos, texto e iconografía popular, comparten una actitud ambigua, dejándonos a la espera, atentos a lo que pasa en el lienzo. Una estrategia eficaz para capturar la mirada del espectador y acercarnos así a la superficie del lienzo. Ahí está lo que importa, el campo de batalla o, mejor dicho, el océano de la pintura: irrealizable e imposible. Y, sin embargo, tan atractivo. Es ahí Georg Óskar despliega todo su arsenal de recursos, técnicas, gestos, colores, materiales, silencios y gritos, cruces y ritmos, tensiones y pausas. La pintura es la protagonista. ¡Qué no nos despistemos!

 

Los esfuerzos y la investigación de Óskar están dedicados a la pura pintura. Asalta el lienzo con ganas, sin aquel respeto que paraliza (algo bastante comprensible, por cierto, frente a una tarea tan irreal). Empieza el cuadro sin pensar, se tira al agua y al barro, con o sin miedo.

 

Involucrarse en un cuerpo a cuerpo con la pintura, avanzar a tientas, mirando mucho y esperando lo justo. Dos pasos al frente, uno atrás. Gestos y colores, óleo y acrílico, materiales más experimentales, confiando en aquel instinto que se ha ido entrena- do largamente como un músculo. Pintar sin bocetos previos, esperando que algo ocurra en la superficie del lienzo. Entregarse a este proceso, es como partir hacia el mar abierto; cada lienzo en blanco es un viaje que comienza.

 

Las diversas posibilidades de la pintura son periplos y, pese a su inmensa tradición, aún quedan olas, icebergs, mareas y muchos vientos para explorar y dominar (admitiendo que este último estadio sea alcanzable).

 

Georg Óskar sigue un método para confiar en su instinto. Una especie de caos controlado o, dicho de otra forma, una improvisación ensayada. Se entrega a la materialidad líquida de este medio con aquel atrevimiento tan necesario para hundirse completamente. Al empezar un lienzo, Óskar abandona el puerto seguro y se entrega a su personal periplo. Nuestro artista se arriesga a naufragar, porque solo así habrá merecido la pena tanto esfuerzo. Resulta difícil reconocer los pequeños logros en una materia con tantas variaciones posibles, cuando incluso la separación entre figuración y abstracción deja de tener sentido. Salvarse no es importante, la derrota frente a la pintura es una experiencia inevitable.

 

Lo que importa es meterse tanto en el asunto hasta donde todo parece perdido y, a veces, lograr salvar el cuadro. La visión del abismo, dentro la pintura, es cómo habitar una tempestad. Se dan casos en los que todo fluye de manera orgánica, cuando los vientos te acompañan, entonces solo queda alegrarse por tu buena estrella. Y volver al lienzo en blanco, una vez más, esperando que algo pase. Honestamente.

 

Cuerpo a cuerpo con la pintura. Hay días buenos y otros malos. Meterse en la pintura y entregarse ciegamente a su practica es como bajar a un abismo de pureza e irrealidad. Asalto, espera y vuelta a empezar.

 

Francesco Giaveri

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