Stem
Gabriele Beveridge
18 Noviembre, 2022 - 04 Enero, 2023

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

 

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

Stem, exposición individual de Gabriele Beveridge. Vista de la instalación en L21, 2022.

GABRIELE BEVERIDGE
Eternal field (II), 2022
Pintura de poliuretano, accesorios de acero

250 x 240 x 5 cm

GABRIELE BEVERIDGE
Distant peak, 2022
Vidrio soplado a mano

37 x 32 x 28 cm

GABRIELE BEVERIDGE
Light pool (I), 2022
Fotograma, impresión única en gelatina de plata, marco de la artista

50 x 40 x 5 cm

 

GABRIELE BEVERIDGE
Light pool (II), 2022
Fotograma, impresión única en gelatina de plata, marco de la artista

50 x 40 x 5 cm

GABRIELE BEVERIDGE
Stem (II), 2022
Vidrio soplado a mano, montante cromado, sujetalibros cromado

110 x 37 x 30 cm

L21 Gallery anuncia con gran ilusión la primera exposición individual en España de Gabriele Beveridge en la sala 2 de su espacio de S’Escorxador.

 

En esta exposición, titulada Stem, se percibe un cierto aire a laboratorio. La artista presenta esculturas de vidrio, fotogramas y pinturas sobre mostradores de acero: una variedad de técnicas que ha ido investigando escrupulosamente en los últimos años.

Sus obras encarnan un largo proceso de investigación y búsqueda, espera y lenta observación, prueba y error, una pregunta inicial clara, unos resultados inesperados. Beveridge propone nombrar sin envolver, muestra lo que ha encontrado en su práctica experimental, sin cubrirlo de retórica, sin renunciar a la transparencia.

 

Esta exposición está dominada por el vidrio, un material que la artista ha ido explorando intensamente en los últimos diez años, cuya vinculación con la cosmética es emblemática, casi fundacional. De hecho, entre los primeros artefactos de vidrio de Mesopotamia y del antiguo Egipto que se conservan hay justamente pequeños botes de vidrio utilizados para contener óleos y perfumes.

 

Una escultura de esta exposición, remite a una serie de órganos internos (especies de ventrículos o hígados) apilados uno sobre otro que salen de lo que parece una columna vertebral. Tanto las formas como el color parecen brotar de ahí, de un tallo frágil y exiguo y sin embargo decisivo, como hojas de un árbol que se nutren y crecen desde una leve estructura linear e incierta.

 

En las paredes de la galería, encontramos fotogramas cuyos objetos circulares y concéntricos recuerdan vagamente a ojos. Se trata de imágenes fotográficas realizadas sin cámara, apoyando un objeto directamente sobre el papel foto- sensible y procesando químicamente este encuentro para estabilizarlo.

 

Remiten instintivamente a bulbos oculares, imágenes abstractas cuyas formas sin embargo me hace pensar en órganos humanos o bien, en replicas o insertos a disposición de un cuerpo mejorado, como prótesis. Estos fotogramas sugieren algunas secuencias de Blade Runner, especialmente la del laboratorio de Mr Chew. En general, esta exposición tiene una atmósfera futurista típica de cierta ciencia ficción distópica.

 

La obra de mayor envergadura de la exposición consiste en dos paneles de acero que se utilizan habitualmente en las tiendas para colgar los productos a la venta. Beveridge los utiliza ahora como soportes para sus pinturas: un paisaje de colores sin límites. No especifica de qué paisaje se trata, aunque los tonos elegidos remiten a un atardecer o un amanecer, momentos de cam- bios. Fajas uniformes de colores cálidos que recuerdan a las pinturas de Agnes Martin, despojadas ahora de la técnica y del ascetismo de la artista norteamericana, como si Gabriele Beveridge transportara la reconocible iconografía del desierto de Nuevo México al caos londinense.

 

En una escultura de vidrios apoyada sobre una base de espejo, la transparencia refleja y multiplica cuestiones abiertas, experimentales. El espectador se queda mirando algo que continuamente se le escapa. Su mirada se desliza por las superficies de vidrio como un guante de algodón que se desplaza por las sinuosidades del material sin dejar evidencia alguna de su tránsito. La mirada no deja restos sobre lo que recorre…

 

Son formas orgánicas, pero no del todo humanas, not humans anymore. Porque hay un evidente cansancio de ser humanos, una insatisfacción cuya conciencia exhausta nos hace querer ser piedras en el campo.

 

“Ask yourself this question. Do we have to be humans forever? Consciousness is exhausted. Back now to inorganic matter. This is what we want. We want to be stones in a field.” – Don DeLillo, Point Omega

 

Una secuencia que no suma, sin final a la vista, que solo pide seguir brotando sus elementos imperfectos; vemos sueros en su interior, tinta de un rojo oscuro, como un óleo o un perfume cuyos contenedores los aguardarán hasta la llegada del futuro al que pertenecen. Un laboratorio de lo inefable, con la ilusión de que ahí nada ocurra, que nadie se manche o se corrompa, de momento, aún no.

 

Francesco Giaveri

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